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El
ojo humano se posa en un paisaje y se siente atraído por éste,
inexorablemente. Y allá va el sensible ojo de la cámara
dispuesto a hacerlo suyo, en un instante. Serán infinitas las
veces en que, más allá del tiempo transcurrido, pueda
uno recrearse y disfrutar, una y otra vez, con la contemplación
de la escena plasmada. Una simple manera de eternizar la maravilla
de los lugares que uno visita. Ya que viajar enriquece la vida. |
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